Quien tiene un amigo tiene un tesoro pero ¿y el que tiene 1.000?
Dice el refranero que quien presume de muchos amigos al final no tienen ninguno. Es curioso pero hasta los dichos populares tienen su aplicación en la era 2.0: en un articulo de Clive Thompson en la revista WIRED, el autor reflexiona sobre la cantidad de usuarios o seguidores máxima con los que se puede mantener una conversación y cómo a partir de cierto numero la conversación se atenúa y el concepto social desaparece.
Según explica Thompson, en grupos de hasta 100 seguidores, un contacto puede responder a uno de tus post , otros opinar al respecto y tú responder. Con una comunidad de usuarios regular y dimensionada la gente llega a conocerse y disfrutar de la conversaciones. Pero si tu comunidad crece y crece, la sensación de interrelación desaparecerá y las conversaciones dejarán de fluir. ¿Significa eso que la socialización no es escalable? Pues, según Thompson, no. Tal y como explica en el artículo ‘In Praise of Obscurity‘, cuando un grupo alcanza una cierta dimensión cada participante empieza a sentirse anónimo de nuevo y la persona a la que sigue, que en su día parecía tan cercana como un amigo, ahora esta distanciada.
La cuestión que plantea Thompson tienen una relación directa con la teoría de Robin Dunbar y su famoso número. Según este antropólogo las personas no pueden mantener una relación estrecha con más de 150 personas y lo justifica histórica, antropológica y psicológicamente. Dunbar formuló su teoría en los años 80 pero, obviamente, la eclosión de las redes sociales han puesto de actualidad su planteamiento.
¿Qué lección nos intenta transmitir Clive Thompson? Que también hay valor en la oscuridad… Después de todo las más geniales e importantes ideas a menudo se han forjado a fuera de los focos, en pequeños y oscuros grupos apasionados con un a materia. Sus miembros disfrutan discutiendo sobre dispuestos a experimentar con conceptos arriesgados por la intimidad o confianza existente entre ellos.
Cuando las conversaciones se hacen lo suficientemente grandes, no solo las audiencias se empiezan a sentir extrañas, los participantes comienzan a autocensurarse, la gente que de repente se encuentra entre un montón de seguidores a menudo empiezan a escribir mas cuidadosamente, como ocurre con los políticos. Claro que también es posible que ese sea precisamente el objetivo y hay usuarios que no tienen interés en absoluto en intimar con sus seguidores y por tanto no hay conversación. Eso sí, pueden llegar a ser uno de los usuarios mas seguidos de la red, con el consecuente retorno.
Quizás deberíamos diseñar herramientas que recompensen la oscuridad, que nos animen a permanecer en las sombras , o que nos avisen cuando nuestros círculos sociales alcancen una dimensión insostenible. Seguramente estaremos conectados con menos gente pero nos estaremos comunicando con ellos en dos direcciones y no simplemente emitiendo un mensaje masivo.
26/05/2010 a las 10:35
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