Si no te gusto, no juegas
Hace poco más de un año se nos revolucionó la red cuando Chris Anderson, tan aficionado él a lanzar titulares, dijo aquello de que la Internet había muerto. Anderson nunca ha querido matar la Red (entre otras cosas porque gracias a ella es una especie de celebridad) sin embargo el ex director de Wired sí que quiso llamar nuestra atención sobre el hecho de que la página Web ya no es, ni mucho menos, la primera herramienta de comunicación online que tenemos. A lo largo de los dos últimos años, sobre todo en este 2011, la aplicación se ha convertido en la protagonista absoluta de una nueva manera de entender el online. Y todo el mundo da por sentado que la cosa irá a más.
Según The App Date, España descarga un millón de aplicaciones al día y su uso supone unos 80 minutos diarios, frente a los 76 que supone la Red. Y eso sólo por lo que respecta a las aplicaciones móviles y de escritorio. Estos datos no tienen en cuenta las aplicaciones que se desarrollan para entornos cerrados como las redes sociales, facebook a la cabeza, o incluso otros dispositivos como videoconsolas y televisiones con conexión a Internet. Este boom puede resultar sorprendente pero no lo es tanto si pensamos que, realmente, el concepto de aplicación encaja mejor con una actitud más lúdica que nos invita a la interacción. Como los señores de Foursquare han demostrado a medio mundo, el juego es un elemento indispensable para enganchar al usuario y favorecer en él el estado de flujo.
Ante esta perspectiva es normal que muchas empresas quieran aprovechar la oportunidad de enganchar al usuario. A través del juego las compañías más importantes han encontrado la manera de mantener a su público interactuando con su marca. El concepto de Advergaming no es en absoluto una novedad. El desarrollo y la popularización de aplicaciones, con las oportunidades que conlleva, ha supuesto elevar el concepto a un nuevo nivel. La marca contribuye a esa distensión lúdica que busca el usuario – en su móvil, en facebook, en su equipo – proporcionándole además una plataforma que le reporte cierto valor. Porque es imprescindible que el usuario perciba ese valor. Aunque sea marginal.
A lo largo del último año, por ejemplo, hemos trabajado con ese concepto en un sector con un potencial increíble y con un par de clientes muy abiertos a esta idea. Durante el verano lanzamos ‘De vacas con la vaca‘ para Viajes Iberia y ahora acabamos de estrenar ‘My Trip Map‘ para Iberojet. Ambas aplicaciones se relacionan con el usuario a través de Facebook aunque, en el caso de ‘De vacas con la vaca,’ el componente móvil también tiene un papel importante. Son aplicaciones sencillas, fáciles de usar, lúdicas, que buscan entretener al usuario dándole un pequeño valor añadido por parte de la marca. En el caso de Viajes Iberia se trata de el elemento divertido que supone añadir los diseños de Kukusumusu; en la aplicación de Iberojet el usuario puede generar mapas visuales con los destinos que ha visitado.
El objetivo de ambas aplicaciones es la interacción. Es el engagement por parte del usuario. Además crece y se enriquecen gracias a esta interacción. Ese es un punto importante a tener en cuenta puesto que, cuanto más interactúe el público con la plataforma más rica será ésta. Por eso, además del valor que puedan aportar, gran parte del éxito de las aplicaciones radica en su viralidad, en su capacidad para alcanzar a la mayor cantidad de público posible. Es cierto que, en ocasiones, la marca busca cierta retribución en el esfuerzo que le supone poner en marcha una pieza de estas características pero limitar ese retorno a una acción a corto plazo – aumentar el número de fans de una página, rellenar un formulario… – son un freno al principal objetivo que tiene una aplicación: que el público la conozca, que interactúe, que la comparta y, sobre todo, que se lo pase bien. Es lo mejor que nadie podrá decir nunca de una marca.
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