Una aproximación estratégica al UX

En cualquier proyecto interactivo el diseño de la interfaz debe basarse en un proceso de investigación, planificación y evaluación que conduzca a la eficiencia. Este proceso, dentro del desarrollo tecnológico, es una intervención relativamente nueva.  Curiosamente los campos de la ergonomía, la catalogación de archivos o el análisis cognitivo son disciplinas que se han asociado con frecuencia a los desarrollos técnicos, sin embargo su aplicación al entorno digital apenas empezó a sistematizarse hasta finales de la década de los 90 con la publicación de los estudios del Dr. Donald Norman.

Obviamente, en los quince años transcurridos, el diseño de interfaz ha avanzado mucho y hoy en día es impensable acometer un proyecto interactivo sin tener en cuenta el comportamiento del usuario. Su experiencia de uso  determina el aspecto gráfico del proyecto y, en cierta medida, influye sobre el núcleo tecnológico.

El reto es mayor si tenemos en cuenta que, a día de hoy, las aplicaciones no se limitan únicamente al entorno de escritorio. El medio está madurando en un sentido muy amplio y el número de plataformas con las que interactúa el usuario se ha multiplicado. El diseño ha de responder del mismo modo – de forma intuitiva y dinámica – en todos ellos los objetivos y expectativas del usuario cambien con cada uno de ellos.

Esta situación hace que la interfaz ya no sea únicamente el reflejo visual de un desarrollo técnico. Hoy en día comporta, necesariamente, una estrategia propia basada en la arquitectura de la información que soporta y en los contenidos de los que se va a servir para potenciar la experiencia de usuarios. El proceso de diseño es más complejo y técnico. Debe integrar el proceso tecnológico y la estrategia de uso desde el mismo momento en el que se diagrama el primer prototipo.  Es imprescindible que el equipo de interfaz sea capaz de captar las complejidades de los problemas de ingeniería de software que plantea la aplicación y pueda combinar este conocimiento con los principios de diseño de interacción que lleve al usuario a una estado de flujo sin importar el dispositivo a través del que interaccione.

En este sentido cualquier proyecto plantea algunos retos bien identificables que el diseño de una interfaz inteligente, orientada a mejorar la experiencia del usuario, deberá acometer. Estos puntos críticos son:

  • Tener una curva de aprendizaje corta
  • Introducir el elemento de juego y de perfil progresivo
  • Ser accesible
  • Ser transparente

Pero para que el aspecto visual del proyecto alcance estos requisitos debemos trabajar asumiendo una serie de principios básicos que, en los últimos meses, se han rebelado como aspectos claves a la hora de dotar a la interfaz de usuario de una auténtica perspectiva que tenga en cuenta, en primer lugar, la experiencia de uso del mismo.

En primer lugar asumimos que no somos nosotros los que decidimos el aspecto gráfico del proyecto si no el trabajo para el que se ha diseñado y las necesidades que ha de respetar. Esta precaución también contempla la posibilidad de una revisión del producto en una fase de prototipo ya que habrá aspectos funcionales en los que únicamente el uso nos dará las claves de las decisiones más acertadas.

Este punto, el de la medición, es determinante del aspecto inteligente que debe asumir la interfaz porque las revisiones que se planteen deberán basarse en la interacción real. El hecho de construir un dispositivo centrado en la experiencia supone principalmente que éste debe evolucionar con el uso que sus usuarios hagan de él. En cierto modo lo que más nos debe importar es precisamente esa atención al uso diario.

Por supuesto esta atención al análisis no se puede limitar únicamente a la Web, estamos trabajando con una aplicación multiplataforma que debe proporcionar la misma experiencia de uso inteligente y fluido en todos los dispositivos y esto supone que nuestra interfaz debe evolucionar de manera orgánica en todos ellos.

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